En una de esas caminatas nocturnas donde la noche ya cayó y las luces recorren el camino, un hombre me pregunto por qué mis pergaminos estaban llenos de metáforas, yo, le conté que desde hace algunos años me he vuelto adicto a ellas, gracias a su función describo mejor mis pensamientos abstractos, los hace mas terrenales, con ellas puedo describir aquellos instantes que me llegan de la nada, explico mejor lo que siento al estar en un bosque, con los pies fríos, explico mejor lo que siento al momento en que una mujer interrumpe mis sueños con la adaptación física y emocional que no he logrado encontrar.

Algunas personas no entienden lo que digo, otras lo interpretan de acuerdo a sus vivencias, las metáforas me permiten convertir mis letras en cuadros de una galería, los párrafos cobran sentido al lector, aunque muy pocos interpreten el significado real de las palabras, pero eso no importa tanto, siempre que cuento mis anécdotas siento que tiro un pergamino en una botella al mar, para que aquel que la encuentre se haga un instante mas interesante, sacando de sus recuerdos aquellos pasajes de su vida que pensó haber olvidado.

Después de contarle esto a ese hombre, no supo que decirme, me arrojo una mirada como la de un niño a un artefacto complejo y después se alejó.