… antes de llegar a la barra miró por última vez al cielo, la luna era mas grande que el sol de la tarde pero menos roja. Al sentarse pidió lo de siempre, el mismo café cargado que lo hacía sentir vivo por que le aumentaba a 120 los latidos del corazón, además de darle el calor artificial provocado por el vapor.

Una hora después se detuvo el tiempo, él se sentía solitario aunque estaba rodeado de gente, sacó su dispositivo, mandó algunas palabras y desconecto su conciente del entorno para imaginar que realmente estaba sólo.